San Juan y las Hogueras: el origen católico de una fiesta que el neopaganismo intentó robar

Cada año, cuando llega la noche del 23 al 24 de junio, el fuego vuelve a tomar las plazas, las playas y los campos. Hogueras, saltos rituales, deseos escritos en papel, palabras como energía, solsticio, renacimiento, magia. Muchos creen estar celebrando algo ancestral, previo al cristianismo, casi “robado” por la Iglesia. Sin embargo, la realidad histórica, teológica y espiritual es justo la contraria: la noche de San Juan tiene un origen profundamente cristiano y bíblico, y ha sido el neopaganismo moderno el que ha intentado vaciarla de su verdadero significado.

Este artículo quiere hacer tres cosas: desenmascarar el mito, recuperar la verdad católica y ofrecer una guía espiritual actual para vivir esta fiesta como lo que es: una celebración de San Juan Bautista, el último de los profetas y el que preparó el camino al Señor.


1. San Juan Bautista: el único santo cuyo nacimiento celebra la Iglesia

Hay un dato que muchos desconocen y que ya debería hacernos sospechar de los relatos neopaganos:
👉 la Iglesia celebra litúrgicamente el nacimiento de solo tres personas: Jesucristo, la Virgen María… y San Juan Bautista.

¿Por qué? Porque Juan no es un santo más. Es el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, la voz que clama en el desierto, el amigo del Esposo.

El Evangelio de san Lucas nos narra con detalle su nacimiento, lleno de signos, profecía y gozo:

«Al oír Isabel el saludo de María, la criatura saltó de gozo en su seno» (Lc 1,41).

Y más adelante:

«A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Sus vecinos y parientes oyeron que el Señor le había hecho gran misericordia y se alegraban con ella» (Lc 1,57-58).

Desde el principio, la vida de Juan está asociada a la alegría, a la luz y a la preparación del encuentro con Cristo.


2. ¿Por qué el 24 de junio? La clave está en el Evangelio

Aquí está uno de los argumentos más bellos —y más olvidados— de la tradición cristiana.

El nacimiento de San Juan se celebra seis meses antes del nacimiento de Jesús, tal como indica el Evangelio:

«Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret…» (Lc 1,26).

Pero hay algo aún más profundo:
📉 A partir del 24 de junio, los días comienzan a acortarse.
📈 A partir del 25 de diciembre, los días comienzan a alargarse.

¿Casualidad? En absoluto.

San Juan lo explica con una frase que resume toda su espiritualidad:

«Es necesario que Él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30).

La luz física del sol comienza a disminuir tras el nacimiento de Juan, porque él no es la Luz, sino el que da testimonio de la Luz. Y la luz vuelve a crecer tras el nacimiento de Cristo, el Sol que nace de lo alto (cf. Lc 1,78).

Esto no es paganismo: es teología encarnada en el cosmos.


3. El fuego de San Juan: símbolo cristiano, no magia ancestral

El fuego ha sido siempre un símbolo bíblico. Desde la zarza ardiente hasta Pentecostés, Dios se manifiesta muchas veces en forma de fuego:

  • El fuego que purifica
  • El fuego que ilumina
  • El fuego que protege
  • El fuego que consume lo que no es de Dios

San Juan Bautista anuncia claramente este simbolismo:

«Yo os bautizo con agua, pero viene el que es más fuerte que yo… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego» (Lc 3,16).

Las hogueras de San Juan nacen de esta comprensión cristiana:
🔥 el fuego como preparación, no como idolatría.
🔥 el fuego que anuncia a Cristo, no que lo sustituye.

No se encendían hogueras para “honrar al sol”, sino para recordar que Juan vino a preparar los corazones, a quemar el pecado, a llamar a la conversión.


4. El mito del “solsticio robado por la Iglesia”

Uno de los grandes relatos modernos dice: “la Iglesia cristianizó una fiesta pagana del solsticio”. Este discurso tiene varios problemas serios:

  1. No hay pruebas históricas sólidas de una fiesta pagana universal del 24 de junio con hogueras como las actuales.
  2. Muchas de las prácticas llamadas “ancestrales” son recreaciones románticas del siglo XIX o XX.
  3. La Iglesia primitiva no tenía poder cultural suficiente para “imponer” fiestas; lo que hacía era dar sentido cristiano a la vida real de los pueblos, no borrar nada.

Lo que ocurrió fue lo contrario:
👉 el cristianismo dio un significado profundo a símbolos naturales, integrándolos en la historia de la salvación.

El neopaganismo moderno, en cambio, hace lo inverso: vacía de Cristo los símbolos y los deja sin horizonte trascendente.


5. San Juan Bautista: un mensaje urgentemente actual

En una época que huye del silencio, del arrepentimiento y de la verdad, San Juan Bautista es incómodo… y por eso necesario.

Su mensaje no era “energía positiva”, sino conversión.
No era “conectar con el universo”, sino preparar el corazón para Dios.
No era autoafirmación, sino humildad radical.

«Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos» (Mt 3,2).

Celebrar San Juan hoy es volver a preguntarnos:

  • ¿Qué necesito quemar en mi vida?
  • ¿Qué actitudes me alejan de Dios?
  • ¿Estoy preparando el camino al Señor o poniéndome yo en el centro?

6. Cómo vivir hoy la noche de San Juan como cristiano

Lejos de rechazar la fiesta, el cristiano está llamado a rescatarla.

Algunas propuestas sencillas y profundas:

  • 🔥 Encender una vela o una hoguera pequeña con una oración, no como rito mágico, sino como símbolo de purificación.
  • 📖 Leer el Evangelio de San Juan Bautista (Lc 1 o Jn 3).
  • ✍️ Escribir aquello que necesitas dejar atrás y ofrecerlo a Dios en oración.
  • 🙏 Dar gracias por la vida, la fe y la llamada a la conversión.
  • 👨‍👩‍👧 Vivirlo en familia, explicando a los niños quién fue San Juan y por qué es tan importante.

No se trata de “cristianizar” lo pagano, sino de reconectar con lo que siempre fue cristiano.


7. Conclusión: devolver el fuego a su verdadera luz

San Juan no es una excusa para una noche de excesos ni un ritual vacío.
Es un grito profético que sigue resonando hoy.

«Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos» (Mt 3,3).

Las hogueras no son magia.
El fuego no es un dios.
La noche no es un portal energético.

Todo apunta a Cristo.

Y quizás, en medio del ruido, el humo y las luces falsas de nuestro tiempo, San Juan Bautista sigue señalando con el dedo y repitiendo, como entonces:

«He ahí el Cordero de Dios» (Jn 1,29).

Que esta fiesta, lejos de ser robada, sea recuperada.
Que el fuego vuelva a iluminar, no a confundir.
Y que, como Juan, aprendamos a disminuir… para que Cristo crezca. 🔥✝️

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Pater noster, qui es in cælis: sanc­ti­ficétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut in cælo, et in terra. Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie; et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in ten­ta­tiónem; sed líbera nos a malo. Amen.

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