En una época en la que casi todo se mide por la comodidad, la rapidez o la eficacia, el cuerpo también ha perdido su lenguaje sagrado. Muchos fieles ya no saben cuándo deben arrodillarse en Misa, otros lo hacen por costumbre, algunos lo evitan deliberadamente, y no faltan quienes se preguntan si “todavía hace falta”.
La pregunta no es menor: ¿cuándo debo y cuándo no debo arrodillarme en la Santa Misa?
Porque en la liturgia nada es neutro. Cada gesto, cada postura corporal, es una confesión silenciosa de fe… o de su ausencia.
Este artículo quiere ser una guía clara, profunda y pastoral, para creyentes de hoy que desean vivir la Misa con mayor conciencia, reverencia y amor. No desde la rigidez, sino desde la verdad. No desde la imposición, sino desde la comprensión.
1. El cuerpo también cree: la teología de los gestos
El cristianismo no es una religión de ideas abstractas, sino de carne y sangre. Dios se hizo cuerpo. Y por eso el cuerpo ora.
La postura corporal no es un añadido exterior a la fe, sino una expresión visible de una actitud interior:
- Estar de pie expresa respeto, atención, disponibilidad.
- Estar sentado indica escucha, acogida, meditación.
- Arrodillarse significa adoración, humildad, reconocimiento de la soberanía absoluta de Dios.
La Sagrada Escritura es clarísima:
«Al nombre de Jesús, toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo»
(Filipenses 2,10)
Doblar la rodilla no es un gesto medieval, ni una tradición cultural superada. Es un acto profundamente bíblico y cristológico.
2. Arrodillarse en la Biblia: cuando el hombre reconoce a Dios
Desde el Antiguo Testamento hasta el Evangelio, arrodillarse aparece siempre ligado al encuentro con lo divino.
- Salomón se arrodilla para orar en el Templo (1 Re 8,54).
- El salmista proclama: «Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro» (Salmo 95,6)
- Los Magos se postran ante el Niño Dios (Mt 2,11).
- El leproso se arrodilla ante Jesús para suplicarle (Mc 1,40).
- Jesús mismo se arrodilla en Getsemaní (Lc 22,41).
Arrodillarse es siempre un acto de verdad: reconocer quién es Dios… y quién soy yo.
3. La tradición de la Iglesia: siglos de fe vivida de rodillas
Durante siglos, la postura de rodillas fue la norma habitual en la liturgia latina para los momentos más sagrados de la Misa.
No por obsesión ritualista, sino por una convicción profunda:
👉 Dios está realmente presente en el altar.
Especialmente desde el desarrollo de la doctrina eucarística, la Iglesia entendió que la adoración corporal era la respuesta más lógica ante la Presencia Real de Cristo en el Santísimo Sacramento.
Arrodillarse no se veía como humillación, sino como privilegio: el gesto del súbdito ante su Rey, del hijo ante su Padre, de la criatura ante su Creador.
4. ¿Qué dice hoy la Iglesia? Normas litúrgicas actuales
Según la Instrucción General del Misal Romano (IGMR), válida hoy para la forma ordinaria del rito romano, los fieles deben arrodillarse en estos momentos clave:
🔔 1. Durante la consagración
Desde la epíclesis (invocación del Espíritu Santo) hasta después de la elevación del cáliz.
👉 Este es el momento central de la Misa. Cristo se hace realmente presente: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
Arrodillarse aquí no es opcional, salvo impedimento físico o indicación legítima de la autoridad episcopal.
🔔 2. Antes de la Comunión (Agnus Dei, en muchos lugares)
Tradicionalmente, los fieles permanecen de rodillas durante el “Cordero de Dios”, como gesto de humildad ante el misterio que van a recibir.
🔔 3. En la adoración al Santísimo Sacramento
Fuera de la Misa, arrodillarse ante el Santísimo expuesto es el gesto propio de adoración eucarística.
5. ¿Cuándo NO debo arrodillarme?
La liturgia también enseña que no todo es arrodillarse. Cada postura tiene su lugar.
❌ No se arrodilla uno:
- Durante las lecturas: se escucha sentado.
- Durante el Evangelio: se está de pie, como signo de respeto a Cristo que habla.
- Durante el Credo y la Oración de los fieles: se está de pie, profesando y suplicando.
- Durante el Padre Nuestro: postura de hijos que oran confiados.
- Después de comulgar: la Iglesia recomienda silencio y recogimiento, sentado o de rodillas, según devoción personal.
La liturgia no es monotonía, es un diálogo vivo entre Dios y su pueblo.
6. ¿Y si no puedo arrodillarme?
Aquí entra la caridad pastoral.
La Iglesia nunca obliga a lo imposible:
- Personas mayores
- Enfermos
- Personas con problemas de movilidad
Quien no puede arrodillarse físicamente no peca ni falta al respeto. Dios ve el corazón.
Pero atención: no poder no es lo mismo que no querer.
Cuando la imposibilidad es real, se puede:
- Inclinar profundamente la cabeza
- Guardar silencio reverente
- Adoptar una postura corporal digna y recogida
7. La crisis actual: cuando dejar de arrodillarse revela algo más profundo
Hoy muchos templos han retirado reclinatorios. Muchos fieles ya no se arrodillan ni en la consagración. Y no es casual.
Donde se pierde el gesto, se debilita la fe en la Presencia Real.
No es una acusación, es una constatación pastoral. Cuando el cuerpo deja de adorar, el alma suele ir detrás.
Arrodillarse evangeliza sin palabras. Enseña a los niños. Interpela al tibio. Recuerda al distraído que está ante un Misterio.
8. Guía práctica teológica y pastoral
✔ Arrodíllate cuando:
- El pan deja de ser pan y el vino deja de ser vino.
- Tu corazón necesita recordar quién manda.
- Quieres enseñar a otros sin decir nada.
- La fe flaquea y el cuerpo puede ayudar al alma.
✔ Permanece de pie cuando:
- Proclamas tu fe.
- Escuchas a Cristo hablar.
- Oras como hijo de Dios.
✔ Si dudas:
👉 La reverencia nunca sobra.
👉 La adoración nunca es exagerada.
9. Arrodillarse no es volver atrás, es volver al centro
Arrodillarse en Misa no es nostalgia, ni ideología, ni rigidez. Es teología hecha carne.
Es decir con el cuerpo lo que a veces la boca ya no se atreve a confesar:
“Señor mío y Dios mío” (Jn 20,28)
Quizá el mayor acto contracultural hoy no sea gritar, ni discutir, ni imponer…
sino doblar la rodilla en silencio ante Dios.
Porque quien se arrodilla ante Dios, no se arrodilla ante el mundo.