“No robarás” (Éxodo 20,15)
1. Introducción: un mandamiento más actual de lo que creemos
Cuando escuchamos el Séptimo Mandamiento —“No robarás”, muchos piensan inmediatamente: “Esto no va conmigo, yo no soy ladrón”. Sin embargo, esta visión es demasiado superficial y peligrosa para la vida espiritual.
La Tradición de la Iglesia enseña que este mandamiento no se limita al robo violento o evidente, sino que abarca toda forma de injusticia contra los bienes ajenos, ya sean materiales, laborales, intelectuales, económicos o sociales. En una sociedad donde el fraude se normaliza, el engaño se disfraza de “picaresca” y la explotación se justifica como “modelo de negocio”, este mandamiento interpela directamente a nuestra conciencia cotidiana.
El Séptimo Mandamiento protege:
- El derecho natural a la propiedad privada
- La justicia en los intercambios
- La honestidad en el trabajo
- La responsabilidad social
- El destino universal de los bienes, sin caer en ideologías que lo perviertan
2. Fundamento teológico y moral
La propiedad privada no es un capricho humano, sino un derecho reconocido por la ley natural, ordenado al bien personal, familiar y social. Robar no es solo “quitar algo”, sino romper la justicia, dañar al prójimo y pecar contra la caridad.
📖 “El que robaba, que ya no robe; sino que trabaje honradamente con sus manos” (Ef 4,28)
Santo Tomás de Aquino enseña que la injusticia en los bienes temporales es pecado grave cuando daña seriamente al prójimo, especialmente si hay abuso de poder, engaño deliberado o perjuicio notable.
3. Pecados contra el Séptimo Mandamiento
Lista extensa y minuciosa para el examen de conciencia
A continuación, una lista detallada de pecados concretos, muchos de ellos frecuentes pero poco confesados, organizada por ámbitos de la vida.
A. Robos directos y apropiación indebida
- Robar dinero, objetos o bienes materiales.
- Hurtar “pequeñas cosas” pensando que no tienen importancia.
- Llevarse material del trabajo (dinero, herramientas, productos, material de oficina).
- Apropiarse de objetos perdidos sin intentar devolverlos.
- Quedarse con dinero recibido por error.
- Usar bienes prestados como si fueran propios.
- No devolver lo que se ha pedido prestado.
- Retener bienes ajenos con mala intención.
- Robar tiempo pagado (fingir trabajar, ausentarse sin justificación).
B. Fraude, engaño y estafa
- Mentir para obtener un beneficio económico.
- Estafar a particulares o empresas.
- Vender productos defectuosos ocultando sus fallos.
- Engañar en el peso, la cantidad o la calidad.
- Inflar precios injustamente aprovechándose de la necesidad ajena.
- Firmar contratos con intención de no cumplirlos.
- Aprovecharse de vacíos legales para cometer injusticias.
- Usar información privilegiada para enriquecerse injustamente.
C. Pecados relacionados con el trabajo
Como trabajador:
- Trabajar con desgana, negligencia o irresponsabilidad.
- Cobrar un salario sin cumplir correctamente el trabajo.
- Fingir enfermedad para no trabajar.
- Provocar pérdidas por pereza o descuido grave.
- Desobedecer normas justas del empleador.
- Sabotear el trabajo propio o ajeno.
- Usar el horario laboral para asuntos personales de forma habitual.
Como empleador o responsable:
- Pagar salarios injustos o insuficientes.
- Retrasar el pago del sueldo sin causa justa.
- Explotar a los trabajadores.
- Imponer condiciones laborales indignas.
- Despedir injustamente.
- No respetar descansos, vacaciones o derechos básicos.
- Tratar al trabajador como un objeto y no como persona.
📖 “El jornal del obrero no puede ser retenido” (cf. Sant 5,4)
D. Pecados fiscales y contra el bien común
- Evadir impuestos justos.
- Falsear declaraciones fiscales.
- Trabajar “en negro”.
- Cobrar ayudas públicas sin derecho.
- Hacer uso indebido de subsidios o prestaciones.
- Defraudar a la seguridad social.
- Justificar el fraude fiscal como algo “normal”.
- No contribuir al bien común pudiendo hacerlo.
E. Daños a bienes ajenos
- Destrozar propiedades ajenas voluntariamente.
- No reparar daños causados por culpa propia.
- Vandalismo.
- Uso negligente de bienes alquilados o prestados.
- No asumir responsabilidades por perjuicios causados.
F. Pecados contra la justicia en el comercio y consumo
- Comprar productos robados sabiendo su origen.
- Apoyar negocios claramente injustos.
- Consumir de manera irresponsable y egoísta.
- Endeudarse sin intención real de pagar.
- Aprovecharse de errores del vendedor.
- Especulación abusiva.
- Promover o sostener sistemas económicos injustos cuando se tiene poder para evitarlos.
G. Pecados contra la propiedad intelectual
- Descargar contenido pirata.
- Compartir material protegido por derechos de autor.
- Copiar trabajos ajenos y presentarlos como propios.
- Plagio académico o profesional.
- Uso ilegal de software.
- Falsificación de marcas o productos.
H. Usura y pecados financieros
- Prestar dinero con intereses abusivos.
- Aprovecharse de la necesidad económica del prójimo.
- Endeudar intencionadamente a otros.
- Manipular financieramente a personas vulnerables.
- Jugar o invertir irresponsablemente poniendo en riesgo a la familia.
I. Pecados por omisión
- No devolver lo robado pudiendo hacerlo.
- No reparar una injusticia conocida.
- Callar ante una injusticia grave cuando se tiene obligación moral de actuar.
- No restituir bienes tras una confesión válida.
- Desentenderse de las necesidades graves del prójimo teniendo medios suficientes.
4. La restitución: clave olvidada del Séptimo Mandamiento
Un punto esencial y muchas veces silenciado:
👉 No basta con confesar el pecado.
👉 Es moralmente obligatorio restituir lo robado o reparar el daño, cuando sea posible.
Sin restitución, no hay arrepentimiento completo, y la absolución puede quedar comprometida.
5. Una llamada final a la conversión
El Séptimo Mandamiento no busca culpabilizar, sino liberar el corazón del apego desordenado a los bienes. Cristo no condena la riqueza, pero sí el corazón injusto.
Vivir este mandamiento con fidelidad:
- Purifica la conciencia
- Fortalece la justicia
- Humaniza la economía
- Da testimonio cristiano en un mundo corrompido
💬 “Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21)