“No codiciarás los bienes ajenos” (Ex 20,17)
Una guía espiritual para purificar el corazón en el mundo actual
1. El mandamiento más interior… y más olvidado
El Décimo Mandamiento es, probablemente, uno de los más ignorados y mal entendidos. Muchos piensan que “no hace daño a nadie”, que se queda en el terreno de los pensamientos o que es imposible no caer en él. Sin embargo, la Tradición de la Iglesia lo considera clave, porque toca el núcleo más profundo del pecado: el deseo desordenado del corazón.
Mientras otros mandamientos regulan actos externos, el décimo apunta directamente al interior del hombre. Y ahí está la batalla espiritual más dura.
“Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mt 6,21)
Este mandamiento no prohíbe el progreso, el trabajo ni el deseo legítimo de una vida digna. Prohíbe la codicia, es decir, ese deseo egoísta, desordenado y posesivo que convierte los bienes materiales en ídolos y nos roba la libertad interior.
2. ¿Qué enseña realmente la Iglesia sobre este mandamiento?
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2534-2557) enseña que el Décimo Mandamiento:
- Prohíbe la avaricia y la codicia desordenada
- Llama a la pobreza de espíritu
- Combate la envidia
- Exige confianza en la Providencia
- Invita a la templanza del deseo
No se trata solo de “no robar” (eso ya lo prohíbe el séptimo), sino de no desear lo que no es tuyo de forma injusta, de no vivir comparándote, de no medir tu valor por lo que posees.
3. Un mandamiento extremadamente actual
Vivimos en una sociedad que alimenta sistemáticamente la codicia:
- Publicidad constante
- Redes sociales basadas en la comparación
- Éxito medido en dinero, estatus y posesiones
- Ansiedad por “tener más” aunque ya no sepamos disfrutar de lo que tenemos
El Décimo Mandamiento es profundamente contracultural. Nos recuerda que:
No todo lo que deseo me conviene.
No todo lo que puedo tener debo quererlo.
4. Raíces espirituales del pecado contra el Décimo Mandamiento
Detrás de la codicia suelen esconderse:
- Falta de confianza en Dios
- Inseguridad personal
- Orgullo (querer valer más que otros)
- Ingratitud
- Olvido de la vida eterna
Por eso este mandamiento está íntimamente unido a la fe, la esperanza y la caridad.
5. Lista extensa y minuciosa de pecados contra el Décimo Mandamiento
(Guía práctica para el examen de conciencia)
A. Pecados de codicia y avaricia interior
- Desear riquezas solo para sentirse superior a otros
- No estar nunca satisfecho con lo que se tiene
- Vivir obsesionado por ganar más dinero aunque se descuiden deberes morales
- Anteponer el beneficio económico a la justicia
- Acumular bienes sin intención de compartir
- Sentir ansiedad constante por el dinero
- Medir el éxito personal únicamente por lo material
- Desear herencias, bienes o propiedades ajenas
- Alegrarse interiormente ante la posible ruina económica de otro
- Vivir con miedo excesivo a perder dinero o posesiones
B. Pecados de envidia (forma grave del Décimo Mandamiento)
- Entristecerse por el bien ajeno
- Alegrarse del fracaso económico de otros
- Compararse constantemente con los demás
- Desear que otro pierda lo que tiene
- Sentir resentimiento por el éxito ajeno
- Criticar o desacreditar a quien prospera
- Desear secretamente “estar en su lugar”
- Sentir odio o rechazo por quien posee más
- No soportar que otros sean reconocidos o recompensados
- Desear que Dios no bendiga a otros
C. Pecados contra la pobreza de espíritu
- Creer que la seguridad depende solo del dinero
- No confiar en la Providencia divina
- Vivir angustiado por el futuro económico
- Negarse a ayudar por miedo a perder
- Aferrarse a los bienes como si fueran eternos
- Vivir como si esta vida fuera el fin último
- Despreciar la sencillez y la sobriedad
- Considerar inútil la vida austera
- Burlarse de quienes viven con poco
- Rechazar interiormente la cruz de la escasez
D. Pecados relacionados con el consumo y el materialismo moderno
- Comprar compulsivamente sin necesidad
- Gastar para aparentar
- Endeudarse por vanidad
- Vivir pendiente de marcas y estatus
- Desear lo que otros muestran en redes sociales
- Sentirse inferior por no tener lo último
- Trabajar solo para consumir más
- Cambiar objetos útiles solo por capricho
- Buscar identidad en lo que se posee
- Sacrificar tiempo con Dios o la familia por dinero
E. Pecados de intención y deseo injusto
- Desear secretamente lo que pertenece a otro
- Fantasear con apropiarse de bienes ajenos
- Justificar interiormente la codicia
- Alimentar pensamientos de posesión injusta
- No combatir deseos desordenados
- Consentir en la avaricia sin arrepentimiento
- Rechazar la corrección interior de la conciencia
- Considerar “normal” vivir codiciando
- No luchar contra la envidia
- Negarse a pedir perdón por deseos injustos
6. ¿Cuándo estos pecados pueden ser mortales?
Un pecado contra el Décimo Mandamiento puede ser mortal cuando:
- El deseo es grave (odio, envidia profunda, codicia extrema)
- Se consiente plenamente
- Se convierte en actitud habitual
- Conduce a otros pecados graves (injusticias, robos, odios)
No todo deseo desordenado es mortal, pero sí debe ser confesado si ha sido consentido.
7. Virtudes que sanan el corazón codicioso
Para vivir este mandamiento, la Iglesia propone:
- Pobreza de espíritu
- Gratitud
- Confianza en Dios
- Generosidad
- Templanza
- Caridad
“Teniendo qué comer y con qué vestirnos, estemos contentos” (1 Tim 6,8)
8. Conclusión: libertad interior o esclavitud del deseo
El Décimo Mandamiento no es una carga, sino una puerta a la libertad.
Quien no codicia, descansa.
Quien confía en Dios, vive en paz.
Antes de la confesión, pregúntate sinceramente:
¿Mi corazón pertenece a Dios… o a lo que tengo y deseo?