La Gran Comisión: “Id y haced discípulos”, la orden que cambió la Historia y sigue incendiando el mundo

La Gran Comisión de Jesús no es un recuerdo piadoso del pasado, sino el mandato más urgente, revolucionario y actual que Cristo dejó a su Iglesia. No es una sugerencia, ni una opción para unos pocos especialmente “religiosos”. Es una orden directa del Señor resucitado, pronunciada con autoridad divina y destinada a atravesar los siglos hasta llegar —hoy— a ti y a mí.

Este artículo quiere educar, inspirar y servir como guía espiritual, ayudándote a comprender qué es realmente la Gran Comisión, por qué es central en la fe católica tradicional y cómo vivirla con fidelidad, celo apostólico y caridad pastoral en el mundo actual.


1. ¿Qué es la Gran Comisión? La última orden del Rey eterno

La Gran Comisión se encuentra formulada de manera explícita al final del Evangelio de san Mateo:

«Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»
(Mt 28, 19–20)

Estas palabras no son un simple discurso de despedida. Son el testamento espiritual de Cristo, pronunciado después de la Resurrección, cuando su autoridad ya ha sido plenamente manifestada:

«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra» (Mt 28,18).

La Iglesia nace misionera porque Cristo la funda misionera. Desde su origen, el catolicismo no es una fe encerrada en lo privado, sino una fe que sale, anuncia, convoca, enseña y bautiza.


2. Raíces bíblicas y continuidad en toda la Revelación

La Gran Comisión no surge de la nada. Está preparada a lo largo de toda la Sagrada Escritura:

  • Dios promete a Abraham que “en ti serán benditas todas las naciones” (Gn 12,3).
  • Los profetas anuncian que las naciones caminarán hacia la luz del Señor (cf. Is 2,2–3).
  • Jesús envía ya a los Doce y a los setenta y dos durante su ministerio público (cf. Lc 10,1).
  • Tras Pentecostés, los Apóstoles predican sin miedo, incluso bajo persecución.

La Iglesia primitiva entendió perfectamente el mandato: o se evangeliza, o se traiciona el Evangelio.


3. La relevancia teológica: evangelizar no es opcional

Desde un punto de vista teológico, la Gran Comisión se apoya en verdades fundamentales:

a) Cristo es el único Salvador

La Iglesia confiesa, con caridad pero con claridad, que:

«No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que debamos salvarnos» (Hch 4,12).

Evangelizar no es imponer, sino ofrecer la salvación que Dios quiere para todos.

b) La fe viene de la predicación

San Pablo lo dice sin rodeos:

«¿Cómo creerán sin haber oído? ¿Y cómo oirán sin quien les predique?» (Rom 10,14).

La fe no nace espontáneamente. Necesita testigos, palabras, sacramentos y enseñanza.

c) La Iglesia es sacramento universal de salvación

Negar la misión evangelizadora es vaciar a la Iglesia de su razón de ser.


4. Proselitismo católico: aclarar una palabra mal entendida

Hoy la palabra proselitismo suele ser tratada como algo negativo. Pero en su sentido auténtico y tradicional, el proselitismo católico no es manipulación ni presión psicológica.

¿Qué NO es el proselitismo católico?

  • No es coacción.
  • No es engaño.
  • No es desprecio del otro.
  • No es violencia cultural o espiritual.

¿Qué SÍ es?

  • Anuncio explícito de Cristo.
  • Invitación libre y razonada a la fe.
  • Testimonio coherente de vida cristiana.
  • Deseo sincero del bien eterno del otro.

Amar de verdad implica querer la salvación del otro, no solo su bienestar temporal.


5. La Gran Comisión en el contexto actual: un mundo que necesita ser re-evangelizado

Vivimos en una sociedad:

  • secularizada,
  • relativista,
  • espiritualmente cansada,
  • y, paradójicamente, hambrienta de sentido.

Hoy la misión no se dirige solo a “tierras lejanas”, sino a:

  • familias,
  • jóvenes,
  • ambientes laborales,
  • redes sociales,
  • culturas antiguamente cristianas que han olvidado a Dios.

La Gran Comisión hoy es misión ad intra y ad extra.


6. Guía práctica rigurosa: vivir la Gran Comisión hoy

1. Conversión personal

No se puede evangelizar lo que no se vive.
La misión empieza por:

  • vida sacramental fiel,
  • oración diaria,
  • coherencia moral.

2. Formación sólida

Un católico sin formación es un misionero desarmado.
Es esencial:

  • conocer el Catecismo,
  • la Sagrada Escritura,
  • la Tradición y el Magisterio.

3. Testimonio visible

La vida cristiana debe interpelar:

  • en el trabajo,
  • en la familia,
  • en el sufrimiento,
  • en la alegría.

4. Anuncio explícito

Llegará el momento de hablar:

  • de Cristo,
  • de la Iglesia,
  • de los sacramentos,
  • del sentido último de la vida.

El silencio permanente no es prudencia: es omisión.

5. Acompañamiento pastoral

Evangelizar no es lanzar mensajes y desaparecer.
Es caminar, escuchar, corregir con caridad y paciencia.

6. Confianza en la gracia

La conversión no la produce el misionero, sino Dios.
Nuestra tarea es sembrar fielmente.


7. María y la Gran Comisión: la primera misionera

Antes que los Apóstoles, María ya había llevado a Cristo al mundo, visitando a Isabel. Ella enseña:

  • prontitud,
  • humildad,
  • docilidad al Espíritu.

Toda misión auténticamente católica es mariana.


Conclusión: una orden que sigue esperando tu “sí”

La Gran Comisión no es solo para obispos, sacerdotes o misioneros “oficiales”.
Es para todo bautizado.

Cristo sigue diciendo hoy:

“Id”.

No preguntó si era fácil.
No prometió aplausos.
Pero aseguró algo esencial:

«Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Y con esa promesa, la Iglesia sigue caminando…
¿Caminas tú con ella?

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Pater noster, qui es in cælis: sanc­ti­ficétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut in cælo, et in terra. Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie; et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in ten­ta­tiónem; sed líbera nos a malo. Amen.

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