Los 255 dogmas de la fe católica declarados infaliblemente

La fe católica se fundamenta en las verdades reveladas por Dios y transmitidas y enseñadas por la Iglesia a lo largo de los siglos. Estas verdades abarcan quién es Dios, la Santísima Trinidad, la creación, Jesucristo, la Virgen María, la gracia, la Iglesia, los Sacramentos y las verdades últimas sobre el Cielo, el Purgatorio y el Infierno.

A continuación presentamos un listado de 255 afirmaciones doctrinales de la fe católica, agrupadas por materias para facilitar su consulta, estudio y meditación.


I. Dios: existencia, naturaleza y atributos

  1. Dios, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón a partir de las cosas creadas.
  2. La existencia de Dios no es solamente objeto del conocimiento racional natural, sino también objeto de la fe sobrenatural.
  3. La naturaleza de Dios es incomprensible para los hombres.
  4. Los bienaventurados en el Cielo poseen un conocimiento intuitivo inmediato de la Esencia divina.
  5. La visión inmediata de Dios trasciende el poder natural de conocimiento del alma humana y, por tanto, es sobrenatural.
  6. El alma, para la visión inmediata de Dios, necesita la luz de la gloria.
  7. La Esencia divina es también incomprensible para los bienaventurados del Cielo.
  8. Los atributos divinos son realmente idénticos entre sí y con la Esencia divina.
  9. Dios es absolutamente perfecto.
  10. Dios es infinitamente perfecto en toda perfección.
  11. Dios es absolutamente simple.
  12. Hay un solo Dios.
  13. El único Dios es, en sentido ontológico, el Dios verdadero.
  14. Dios posee un poder infinito de conocimiento.
  15. Dios es la Verdad absoluta.
  16. Dios es absolutamente fiel.
  17. Dios es la Bondad ontológica absoluta en Sí mismo y en relación con los demás.
  18. Dios es la Bondad moral absoluta o Santidad.
  19. Dios es la absoluta Benignidad.
  20. Dios es absolutamente inmutable.
  21. Dios es eterno.
  22. Dios es inmenso o absolutamente inconmensurable.
  23. Dios está presente en todas partes del espacio creado.
  24. El conocimiento de Dios es infinito.
  25. Dios conoce todo lo meramente posible mediante el conocimiento de la inteligencia simple (scientia simplicis intelligentiae).
  26. Dios conoce todas las cosas reales del pasado, del presente y del futuro (scientia visionis).
  27. Mediante el conocimiento de visión (scientia visionis), Dios también prevé con certeza infalible los actos libres de las criaturas racionales.
  28. La voluntad divina es infinita.
  29. Dios se ama a Sí mismo necesariamente, pero ama y quiere las cosas creadas fuera de Él con libertad.
  30. Dios es omnipotente.
  31. Dios es el Señor de los cielos y de la tierra.
  32. Dios es infinitamente justo.
  33. Dios es infinitamente misericordioso.

II. La Santísima Trinidad y la creación

  1. En Dios hay tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada una de las tres Personas posee la única e idéntica Esencia divina.
  2. En Dios hay dos Procesiones divinas internas.
  3. Las Personas divinas, y no la Naturaleza divina, son el sujeto de las Procesiones divinas internas, tanto en sentido activo como pasivo.
  4. La Segunda Persona divina procede de la Primera Persona divina por generación y, por ello, está relacionada con Él como Hijo respecto de Padre.
  5. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un único Principio, mediante una única espiración.
  6. El Espíritu Santo no procede por generación, sino por espiración.
  7. Las Relaciones en Dios son realmente idénticas a la Naturaleza divina.
  8. Las tres Personas divinas están unas en las otras.
  9. Todas las actividades de Dios ad extra son comunes a las tres Personas.
  10. Todo cuanto existe fuera de Dios fue producido por Dios de la nada en toda su sustancia.
  11. Dios fue movido por su Bondad a crear el mundo.
  12. El mundo fue creado para la glorificación de Dios.
  13. Las tres Personas divinas son un único y común Principio de la Creación.
  14. Dios creó el mundo libre de toda coacción exterior y de toda necesidad interior.
  15. Dios ha creado un mundo bueno.
  16. El mundo tuvo un comienzo en el tiempo.
  17. Dios creó Él solo el mundo.
  18. Dios mantiene en la existencia a todas las cosas creadas.
  19. Dios, mediante su Providencia, protege y guía todo cuanto ha creado.

III. El hombre, el pecado original y los ángeles

  1. El primer hombre fue creado por Dios.
  2. El hombre consta de dos partes esenciales: un cuerpo material y un alma espiritual.
  3. El alma racional es, por sí misma, la forma esencial del cuerpo.
  4. Todo ser humano posee un alma individual.
  5. Dios ha conferido al hombre un destino sobrenatural.
  6. Nuestros primeros padres, antes de la Caída, estaban dotados de la gracia santificante.
  7. También estaban dotados del donum immortalitatis, es decir, del don de la inmortalidad corporal.
  8. Nuestros primeros padres, en el paraíso, pecaron gravemente mediante la transgresión del mandamiento divino puesto a prueba.
  9. Por el pecado, nuestros primeros padres perdieron la gracia santificante y provocaron la ira y la indignación de Dios.
  10. Nuestros primeros padres quedaron sujetos a la muerte y al dominio del Diablo.
  11. El pecado de Adán se transmite a su posteridad, no por imitación, sino por descendencia.
  12. El pecado original se transmite mediante la generación natural.
  13. En el estado de pecado original, el hombre está privado de la gracia santificante y de todo cuanto esta implica, así como de los dones sobrenaturales de integridad.
  14. Las almas que abandonan esta vida en estado de pecado original quedan excluidas de la Visión Beatífica de Dios.
  15. Al principio de los tiempos, Dios creó de la nada las sustancias espirituales (los ángeles).
  16. La naturaleza de los ángeles es espiritual.
  17. La tarea secundaria de los ángeles buenos es la protección de los hombres y el cuidado de su salvación.
  18. El Diablo posee cierto dominio sobre la humanidad a causa del pecado de Adán.

IV. Jesucristo: Encarnación y Persona divina

  1. Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hijo de Dios.
  2. Cristo asumió un cuerpo real, no un cuerpo aparente.
  3. Cristo asumió no solamente un cuerpo, sino también un alma racional.
  4. Cristo fue verdaderamente engendrado y nació de una hija de Adán, la Virgen María.
  5. Las naturalezas divina y humana están unidas hipostáticamente en Cristo, es decir, unidas entre sí en una sola Persona.
  6. Cristo encarnado es uno solo, es decir, una única Persona. Él es Dios y hombre al mismo tiempo.
  7. El Dios-Logos está unido a la carne mediante una unión interior, física o sustancial. Cristo no es simplemente portador de Dios, sino que es verdaderamente Dios.
  8. Las actividades humanas y divinas atribuidas a Cristo en la Sagrada Escritura y en los Padres no pueden dividirse entre dos personas o hipóstasis, el Hombre-Cristo y el Dios-Logos, sino que deben atribuirse al único Cristo, el Logos hecho carne. Es el Logos divino quien sufrió en la carne, fue crucificado, murió y resucitó.
  9. La Santísima Virgen es Madre de Dios, puesto que verdaderamente dio a luz al Dios-Logos hecho carne.
  10. En la Unión Hipostática, cada una de las dos naturalezas de Cristo permanece íntegra, sin transformación y sin mezcla con la otra.
  11. Cada una de las dos naturalezas de Cristo posee su propia voluntad natural y su propio modo natural de obrar.
  12. La Unión Hipostática de la naturaleza humana de Cristo con el Logos divino tuvo lugar en el mismo momento de la concepción.
  13. La Unión Hipostática nunca cesará.
  14. La Unión Hipostática fue realizada por las Tres Personas Divinas actuando conjuntamente.
  15. Solamente la Segunda Persona Divina se hizo hombre.
  16. Jesucristo, además de ser Dios, también como hombre es el Hijo natural de Dios.
  17. El Dios-Hombre Jesucristo debe ser venerado con un único modo de culto: el culto absoluto de latría, que corresponde únicamente a Dios.
  18. Las características y actividades divinas y humanas de Cristo deben atribuirse al único Verbo Encarnado.
  19. Cristo estuvo libre de todo pecado, tanto del pecado original como de todo pecado personal.
  20. La naturaleza humana de Cristo era pasible, es decir, capaz de experimentar sensaciones y sufrimiento.

V. La Redención, Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión

  1. El Hijo de Dios se hizo hombre para redimir a los hombres.
  2. El hombre caído no puede redimirse a sí mismo.
  3. Jesucristo, Dios y hombre, es Sumo Sacerdote.
  4. Cristo se ofreció a sí mismo en la Cruz como verdadero y propio sacrificio.
  5. Cristo, mediante su sacrificio en la Cruz, nos ha rescatado y reconciliado con Dios.
  6. Cristo no murió solamente por los predestinados.
  7. La expiación de Cristo no se extiende a los ángeles caídos.
  8. Cristo, mediante su Pasión y Muerte, mereció una recompensa de parte de Dios.
  9. Después de su muerte, el alma de Cristo, separada de su cuerpo, descendió a los infiernos.
  10. Al tercer día después de su muerte, Cristo resucitó gloriosamente de entre los muertos.
  11. Cristo ascendió al Cielo con cuerpo y alma y está sentado a la derecha del Padre.

VI. La Santísima Virgen María

  1. María es verdaderamente Madre de Dios.
  2. María fue concebida sin mancha de pecado original.
  3. María concibió por obra del Espíritu Santo, sin cooperación de hombre.
  4. María dio a luz a su Hijo sin menoscabo alguno de su integridad virginal.
  5. También después del nacimiento de Jesús, María permaneció Virgen.
  6. María fue Virgen antes, durante y después del nacimiento de Jesucristo.
  7. María fue asunta al Cielo en cuerpo y alma.

VII. La gracia, el libre albedrío y la justificación

  1. Existe una intervención sobrenatural de Dios en las facultades del alma que precede al acto libre de la voluntad.
  2. Existe una influencia sobrenatural de Dios en las facultades del alma que coincide en el tiempo con el acto libre de la voluntad humana.
  3. Para todo acto saludable es absolutamente necesaria la gracia interna sobrenatural de Dios (gratia elevans).
  4. La gracia interna sobrenatural es absolutamente necesaria para el comienzo de la fe y de la salvación.
  5. Sin la ayuda especial de Dios, el justificado no puede perseverar hasta el final en la justificación.
  6. La persona justificada no puede, durante toda su vida, evitar todos los pecados, incluso los pecados veniales, sin el privilegio especial de la gracia de Dios.
  7. Incluso en el estado de naturaleza caída, el hombre puede conocer, mediante su poder intelectual natural, las verdades religiosas y morales.
  8. Para realizar una acción moralmente buena no se requiere la gracia santificante.
  9. En el estado de naturaleza caída, es moralmente imposible para el hombre, sin la Revelación sobrenatural, conocer fácilmente, con certeza absoluta y sin mezcla de error, todas las verdades religiosas y morales del orden natural.
  10. La gracia no puede ser merecida mediante obras naturales, ni de condigno ni de congruo.
  11. Dios concede a todos los justos la gracia suficientemente necesaria (gratia proxima vel remota sufficiens) para la observancia de los Mandamientos divinos.
  12. Dios, mediante su eterno designio de voluntad, ha predestinado a determinados hombres a la bienaventuranza eterna.
  13. Dios, mediante un eterno designio de su voluntad, predestina a determinados hombres, a causa de sus pecados previstos, a la reprobación eterna.
  14. La voluntad humana permanece libre bajo la influencia de la gracia eficaz, que no es irresistible.
  15. Existe una gracia que es verdadera y realmente suficiente y que, sin embargo, permanece ineficaz (gratia vere et mere sufficiens).
  16. El pecador puede y debe prepararse, con la ayuda de la gracia actual, para recibir la gracia mediante la cual es justificado.
  17. La justificación de un adulto no es posible sin la fe.
  18. Además de la fe, deben estar presentes otros actos de disposición.
  19. La gracia santificante santifica el alma.
  20. La gracia santificante convierte al hombre justo en amigo de Dios.
  21. La gracia santificante convierte al hombre justo en hijo de Dios y le concede derecho a la herencia del Cielo.
  22. Las tres virtudes divinas o teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad son infundidas juntamente con la gracia santificante.
  23. Sin una Revelación divina especial, nadie puede saber con certeza de fe si se encuentra en estado de gracia.
  24. El grado de gracia justificante no es idéntico en todos los justos.
  25. La gracia puede aumentar mediante las buenas obras.
  26. La gracia por la cual somos justificados puede perderse, y se pierde por todo pecado grave [mortal, serio].
  27. Mediante sus buenas obras, el hombre justificado adquiere realmente para sí un derecho a una recompensa sobrenatural de parte de Dios.
  28. Mediante cada buena obra, el hombre justificado merece realmente para sí un aumento de la gracia santificante, la vida eterna —si muere en estado de gracia— y un aumento de la gloria celestial.

VIII. La Iglesia: fundación, constitución y autoridad

  1. La Iglesia fue fundada por Jesucristo, Dios-Hombre.
  2. Nuestro Redentor conserva con poder divino la sociedad fundada por Él, la Iglesia.
  3. Cristo es el Divino Redentor de su Cuerpo, la Iglesia.
  4. Cristo fundó la Iglesia para continuar por todos los tiempos su obra de redención de todos los hombres.
  5. Cristo dio a su Iglesia una constitución jerárquica.
  6. Los poderes conferidos a los Apóstoles han descendido hasta los obispos.
  7. Cristo constituyó al Apóstol Pedro como el primero de todos los Apóstoles y como cabeza visible de toda la Iglesia, al conferirle inmediata y personalmente el primado de jurisdicción.
  8. Según el mandato de Cristo, Pedro debe tener sucesores en su primado sobre toda la Iglesia y para todos los tiempos.
  9. Los sucesores de Pedro en el Primado son los obispos de Roma.
  10. El Papa posee plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, no solamente en materia de fe y moral, sino también en la disciplina de la Iglesia y en su gobierno.
  11. El Papa es infalible cuando habla ex cathedra.
  12. Por derecho divino, los obispos poseen un poder ordinario de gobierno sobre sus diócesis.
  13. Cristo es la Cabeza de la Iglesia.
  14. En la decisión definitiva sobre las doctrinas relativas a la fe y a la moral, la Iglesia es infalible.
  15. El objeto primario de la infalibilidad son las verdades formalmente reveladas de la doctrina cristiana relativas a la fe y a la moral.
  16. La totalidad de los obispos es infalible cuando, reunidos en un concilio general o dispersos por el mundo, proponen una enseñanza sobre la fe o la moral como algo que debe ser sostenido por todos los fieles.

IX. Las notas de la Iglesia y la comunión de los santos

  1. La Iglesia fundada por Cristo es única y una.
  2. La Iglesia fundada por Cristo es santa.
  3. La Iglesia fundada por Cristo es católica.
  4. La Iglesia fundada por Cristo es apostólica.
  5. La pertenencia a la Iglesia es necesaria para todos los hombres para la salvación.
  6. Es lícito y provechoso venerar a los santos del Cielo e invocar su intercesión.
  7. Es lícito y provechoso venerar las reliquias de los santos.
  8. Es lícito y provechoso venerar las imágenes de los santos.
  9. Los fieles vivos pueden acudir en ayuda de las almas del Purgatorio mediante sus sufragios.

X. Los Sacramentos en general

  1. Los Sacramentos de la Nueva Alianza contienen la gracia que significan y la confieren a quienes no ponen obstáculo a ella.
  2. Los Sacramentos obran ex opere operato (simplemente por el hecho de ser realizados).
  3. Todos los Sacramentos de la Nueva Alianza confieren la gracia santificante a quienes los reciben.
  4. Tres Sacramentos —Bautismo, Confirmación y Orden— imprimen un carácter, es decir, una marca espiritual indeleble, y por esta razón no pueden repetirse.
  5. El carácter sacramental es una marca espiritual impresa en el alma.
  6. El carácter sacramental permanece al menos hasta la muerte de quien lo recibe.
  7. Todos los Sacramentos de la Nueva Alianza fueron instituidos por Jesucristo.
  8. Hay siete Sacramentos de la Nueva Ley.
  9. Los Sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación de la humanidad.

XI. Administración de los Sacramentos y Bautismo

  1. Para la válida administración de los Sacramentos es necesario que el ministro realice correctamente el signo sacramental.
  2. El ministro debe tener además la intención, al menos, de hacer lo que hace la Iglesia.
  3. En el caso de los adultos que reciben los Sacramentos, se requiere una disposición moralmente digna para recibirlos digna y fructuosamente.
  4. El Bautismo es un verdadero Sacramento instituido por Jesucristo.
  5. La materia remota del Sacramento del Bautismo es el agua verdadera y natural.
  6. El Bautismo confiere la gracia de la justificación.
  7. El Bautismo produce la remisión de todas las penas del pecado, tanto eternas como temporales.
  8. Incluso si se recibe indignamente, el Bautismo válido imprime en el alma del que lo recibe una marca espiritual indeleble, el carácter bautismal, y por esta razón el Sacramento no puede repetirse.
  9. El Bautismo de agua (Baptismus fluminis) es, desde la promulgación del Evangelio, necesario para todos los hombres, sin excepción, para la salvación.
  10. El Bautismo puede ser administrado válidamente por cualquier persona.
  11. El Bautismo puede ser recibido por cualquier persona que se encuentre en estado de peregrinación terrena y que aún no haya sido bautizada.
  12. El Bautismo de los niños pequeños es válido y lícito.

XII. La Confirmación

  1. La Confirmación es un verdadero Sacramento en el sentido propio del término.
  2. La Confirmación imprime en el alma una marca espiritual indeleble y, por esta razón, no puede repetirse.
  3. El ministro ordinario de la Confirmación es únicamente el obispo.

XIII. La Santísima Eucaristía

  1. El Cuerpo y la Sangre de Jesucristo están verdadera, real y sustancialmente presentes en la Eucaristía.
  2. Cristo se hace presente en el Sacramento del Altar mediante la transformación de toda la sustancia del pan en su Cuerpo y de toda la sustancia del vino en su Sangre.
  3. Los accidentes del pan y del vino permanecen después del cambio de sustancia.
  4. El Cuerpo y la Sangre de Cristo, junto con su Alma y su Divinidad, y por tanto Cristo entero, están verdaderamente presentes en la Eucaristía.
  5. Cristo entero está presente bajo cada una de las dos especies.
  6. Cuando cualquiera de las especies consagradas se divide, Cristo entero está presente en cada parte de la especie.
  7. Una vez completada la consagración, el Cuerpo y la Sangre permanecen permanentemente presentes en la Eucaristía.
  8. Debe tributarse el culto de adoración (latría) a Cristo presente en la Eucaristía.
  9. La Eucaristía es un verdadero Sacramento instituido por Cristo.
  10. La materia para la confección de la Eucaristía es el pan y el vino.
  11. Para los niños que aún no han alcanzado la edad de la razón, la recepción de la Eucaristía no es necesaria para la salvación.
  12. La Comunión bajo las dos especies no es necesaria para ningún miembro individual de los fieles, ni por razón de un precepto divino ni como medio de salvación.
  13. El poder de consagrar reside únicamente en un sacerdote válidamente ordenado.
  14. El Sacramento de la Eucaristía puede ser recibido válidamente por toda persona bautizada que se encuentre en estado de peregrinación terrena, incluidos los niños pequeños.
  15. Para la digna recepción de la Eucaristía es necesario el estado de gracia, así como la debida y piadosa disposición.

XIV. El Santo Sacrificio de la Misa

  1. La Santa Misa es un verdadero y propio Sacrificio.
  2. En el Sacrificio de la Misa se hace presente el Sacrificio de Cristo en la Cruz, se celebra su memoria y se aplica su poder salvífico.
  3. En el Sacrificio de la Misa y en el Sacrificio de la Cruz, la Ofrenda Sacrificial y el Sacerdote que ofrece son idénticos; solo difieren la naturaleza y el modo de la ofrenda.
  4. El Sacrificio de la Misa no es solo un sacrificio de alabanza y acción de gracias, sino también un sacrificio de expiación e impetración.

XV. El Sacramento de la Penitencia y la Confesión

  1. La Iglesia ha recibido de Cristo el poder de perdonar los pecados cometidos después del Bautismo.
  2. Por la Absolución de la Iglesia, los pecados son verdaderamente y de inmediato remitidos.
  3. El poder de la Iglesia para perdonar los pecados se extiende a todos los pecados sin excepción.
  4. El ejercicio del poder de la Iglesia para perdonar los pecados es un acto judicial.
  5. El perdón de los pecados que tiene lugar en el Tribunal de la Penitencia es un verdadero y propio Sacramento, distinto del Sacramento del Bautismo.
  6. La justificación extra-sacramental se efectúa solo por el dolor perfecto cuando va unido al deseo del Sacramento (votum sacramenti).
  7. La contrición nacida del motivo de temor es un acto moralmente bueno y sobrenatural.
  8. La confesión sacramental de los pecados está ordenada por Dios y es necesaria para la salvación.
  9. Por disposición divina, todos los pecados graves (mortales, serios), según su especie y número, así como las circunstancias que cambian su naturaleza, están sujetos a la obligación de la confesión.
  10. La confesión de los pecados veniales no es necesaria, pero es permitida y útil.
  11. No siempre son remitidas por Dios con la culpa del pecado y la pena eterna todas las penas temporales debidas por el pecado.
  12. El sacerdote tiene el derecho y el deber, según la naturaleza de los pecados y la capacidad del penitente, de imponer obras de satisfacción saludables y apropiadas.
  13. Las obras penitenciales extra-sacramentales, como la realización de prácticas penitenciales voluntarias y la paciencia en las pruebas enviadas por Dios, poseen valor satisfactorio.
  14. La forma del Sacramento de la Penitencia consiste en las palabras de la Absolución.
  15. La Absolución, en unión con los actos del penitente, produce el perdón de los pecados.
  16. El efecto principal del Sacramento de la Penitencia es la reconciliación del pecador con Dios.
  17. El Sacramento de la Penitencia es necesario para la salvación para aquellos que, después del Bautismo, caen en pecado grave.
  18. Los únicos poseedores del Poder de Absolución de la Iglesia son los obispos y los presbíteros.
  19. La absolución dada por diáconos, clérigos de orden inferior y laicos no es Absolución Sacramental.
  20. El Sacramento de la Penitencia puede ser recibido por cualquier bautizado que, después del Bautismo, haya cometido un pecado grave o venial.
  21. La Iglesia posee el poder de conceder Indulgencias.
  22. El uso de las Indulgencias es útil y provechoso para los Fieles.

XVI. La Extremaunción

  1. La Extremaunción es un verdadero y propio Sacramento instituido por Cristo.
  2. La materia remota de la Extremaunción es el aceite.
  3. La forma consiste en la oración del sacerdote por el enfermo que acompaña a la unción.
  4. La Extremaunción otorga al enfermo la gracia santificante para animarlo y fortalecerlo.
  5. La Extremaunción produce la remisión de los pecados graves que aún permanecen y de los pecados veniales.
  6. La Extremaunción produce a veces la restauración de la salud corporal, si esto es para bien espiritual.
  7. Solo los obispos y los presbíteros pueden administrar válidamente la Extremaunción.
  8. La Extremaunción solo puede ser recibida por los Fieles que están gravemente enfermos.

XVII. El Sacramento del Orden

  1. El Orden Sacerdotal es un verdadero y propio Sacramento instituido por Cristo.
  2. La consagración de los presbíteros es un Sacramento.
  3. Los obispos son superiores a los presbíteros.
  4. El Sacramento del Orden confiere la gracia santificante al receptor.
  5. El Sacramento del Orden imprime un carácter en el receptor.
  6. El Sacramento del Orden confiere un poder espiritual permanente al receptor.
  7. El dispensador ordinario de todos los grados del Orden, tanto el sacramental como el no sacramental, es solo el obispo válidamente consagrado.

XVIII. El Sacramento del Matrimonio

  1. El Matrimonio es un verdadero y propio Sacramento instituido por Dios.
  2. Del contrato sacramental del Matrimonio surge el Vínculo Matrimonial, que obliga a ambos cónyuges a una comunidad de vida indisoluble y para toda la vida.
  3. El Sacramento del Matrimonio otorga la Gracia Santificante a los contrayentes.

XIX. Las postrimerías: muerte, juicio, Cielo, Infierno y Purgatorio

  1. En el orden actual de salvación, la muerte es un castigo por el pecado.
  2. Todos los seres humanos sujetos al pecado original están sujetos a la ley de la muerte.
  3. Las almas de los justos que en el momento de la muerte están libres de toda culpa de pecado y de pena por el pecado, entran en el Cielo.
  4. La bienaventuranza del cielo dura por toda la eternidad.
  5. El grado de perfección de la visión beatífica concedida a los justos es proporcional a los méritos de cada uno.
  6. Las almas de aquellos que mueren en estado de pecado personal grave entran en el Infierno.
  7. La pena del Infierno dura por toda la eternidad.
  8. Las almas de los justos que, en el momento de la muerte, están cargadas con pecados veniales o con penas temporales debidas a los pecados, entran en el Purgatorio.
  9. Al final del mundo, Cristo vendrá de nuevo en gloria para pronunciar el juicio.
  10. Todos los muertos resucitarán en el último día con sus cuerpos.
  11. Cristo, en su segunda venida, juzgará a todos los hombres.

Conclusión

Estos 255 puntos ofrecen una panorámica amplia de las principales verdades doctrinales de la fe católica: desde la existencia y los atributos de Dios hasta la Santísima Trinidad, la Encarnación del Verbo, la Virgen María, la gracia, la Iglesia, los Sacramentos y las postrimerías.

El estudio de la doctrina católica no debe reducirse a una mera acumulación de fórmulas. Conocer la fe es conocer aquello que la Iglesia ha recibido, custodia y transmite, para poder profesarlo con inteligencia, vivirlo con fidelidad y defenderlo cuando sea necesario.

“Estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza.”
(1 Pe 3,15)

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Pater noster, qui es in cælis: sanc­ti­ficétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut in cælo, et in terra. Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie; et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in ten­ta­tiónem; sed líbera nos a malo. Amen.

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