Introducción: ¿Cuánto debemos perdonar?
Un día, Pedro se acercó a Jesús con una pregunta que todos nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida:
«Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces deberé perdonarlo? ¿Hasta siete veces?»
Jesús, con su infinita sabiduría, le respondió:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.» (Mateo 18, 21-22)
Esta respuesta no era una simple corrección matemática. Jesús no estaba estableciendo un límite exacto de 490 veces para el perdón, sino enseñando una verdad mucho más profunda: el perdón cristiano no tiene medida. No se trata de contar ofensas, sino de amar sin límites, como Dios nos ama.
Pero, ¿cómo aplicar esto en nuestra vida cotidiana? ¿Qué significa realmente «setenta veces siete»? En este artículo, exploraremos la profundidad teológica de esta enseñanza, su conexión con la misericordia de Dios y cómo podemos vivirla en nuestra relación con los demás y con nosotros mismos.
1. El significado bíblico de «setenta veces siete»
La respuesta de Jesús a Pedro tiene un trasfondo más profundo de lo que parece. En la Biblia, el número siete simboliza la plenitud, la perfección divina. Decir «setenta veces siete» es una manera de expresar una cantidad infinita, un perdón sin límites.
Un eco del Antiguo Testamento
Para entender mejor esta frase, debemos ir al Génesis. Allí encontramos a Lámec, un descendiente de Caín, que dice:
«Si Caín será vengado siete veces, Lámec lo será setenta veces siete.» (Génesis 4,24)
Lámec representa la espiral de violencia que dominaba la humanidad después del pecado original. Su lema era la venganza ilimitada. Jesús invierte esta lógica: en lugar de una venganza sin fin, nos llama a un perdón sin fin. Donde el mundo responde con odio, el cristiano debe responder con misericordia.
2. El perdón en la vida cristiana: ¿por qué es tan difícil?
El perdón es una de las enseñanzas más difíciles de vivir. A veces nos hieren tan profundamente que sentimos que perdonar es imposible. Nos decimos:
- «No quiero ser hipócrita, no puedo perdonar de corazón.»
- «Me duele demasiado, no lo merecen.»
- «¿Y si lo vuelven a hacer?»
Pero aquí es donde el Evangelio nos reta. Jesús no nos pide que perdonemos porque sea fácil, sino porque es lo que nos hace realmente libres.
Perdonar no es olvidar, es amar como Dios ama
Dios no tiene «amnesia» cuando nos perdona. Él recuerda nuestro pecado, pero no lo usa contra nosotros. Nos da una nueva oportunidad. Perdonar no significa justificar el mal, ni permitir que nos sigan hiriendo. Significa decidir no vivir atados al rencor.
San Juan Pablo II, tras sufrir un atentado en 1981, fue a la cárcel a visitar a su agresor, Mehmet Ali Agca, y lo perdonó. No porque el atentado hubiera sido justo, sino porque entendió que la misericordia de Dios era más grande que cualquier mal.
3. La conexión entre el perdón y la misericordia de Dios
En la parábola del siervo despiadado (Mateo 18, 23-35), Jesús explica cómo Dios nos perdona y cómo debemos perdonar a los demás. Un rey perdona una deuda inmensa a su siervo, pero este, en lugar de hacer lo mismo con otro que le debía una cantidad menor, lo manda a la cárcel.
La lección es clara: Dios nos ha perdonado una deuda infinita (nuestro pecado), ¿cómo podemos negarnos a perdonar a los demás?
La misericordia de Dios no tiene límites. En la Cruz, Jesús dijo:
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Lucas 23,34)
Si Él nos perdonó incluso en el sufrimiento más extremo, ¿qué excusa tenemos nosotros para no perdonar?
4. Aplicaciones prácticas: ¿Cómo perdonar «70 veces 7»?
Perdonar no es un sentimiento, es una decisión. No se trata de esperar a «sentirnos listos», sino de empezar a actuar.
a) Reza por la persona que te ha herido
Jesús nos mandó a amar a nuestros enemigos y a orar por quienes nos persiguen (Mateo 5,44). Orar por ellos nos ayuda a verlos con los ojos de Dios y ablandar nuestro corazón.
b) Reconoce que tú también necesitas perdón
A veces nos cuesta perdonar porque olvidamos cuánto hemos sido perdonados. Medita en la misericordia de Dios y cómo Él nunca te niega el perdón.
c) Evita alimentar el resentimiento
Cada vez que recordamos una ofensa y revivimos el dolor, nos atamos más al pasado. Decide soltar, entregando el dolor a Dios.
d) Acude al sacramento de la Reconciliación
La confesión es el lugar donde aprendemos a recibir y dar perdón. Allí Dios nos enseña a ser misericordiosos como Él.
e) Si es necesario, busca ayuda espiritual o psicológica
Algunas heridas son tan profundas que necesitamos acompañamiento. Un sacerdote, un consejero espiritual o un terapeuta pueden ayudarnos a sanar.
Conclusión: Perdonar como Dios nos ha perdonado
«Setenta veces siete» no es un número, es una forma de vida. Es la invitación a reflejar la misericordia de Dios en un mundo que responde con odio y venganza.
Perdonar no significa que el dolor desaparezca de inmediato, pero es el primer paso para sanar. Dios no nos pide lo imposible, Él nos da la gracia para hacerlo.
Hoy te invito a preguntarte:
- ¿Hay alguien a quien necesito perdonar?
- ¿Estoy cargando con resentimientos que me roban la paz?
- ¿He experimentado el perdón de Dios en mi vida?
Si tienes heridas que parecen imposibles de sanar, recuerda las palabras de Jesús:
«Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.» (Mateo 19,26)
Atrévete a perdonar. No 7 veces, sino 70 veces 7. Porque en el perdón encontramos la verdadera libertad.